dar un sueldo de por vida a todos sus ciudadanos


Suiza -siendo uno de los países más ricos del mundo- se debate ante la posibilidad de hacer un referéndum para que todo el mundo cobre un salario de 2.000 euros al mes, incluso los desempleados hasta el resto de sus días.

Para los empresarios, dicha iniciativa representaría un gran desincentivo para trabajar.

Un sueldo básico universal suena muy radical, pero no es una idea nueva: en el siglo XVI, Tomás Moro la propuso en su obra “Utopía”.

El gobierno deberá fijar la fecha para el referéndum impulsado por la sociedad. Se necesitan 100.000 firmas para realizar este tipo de votaciones, y sus resultados son vinculantes.

El dirigente Enno Schmidt, partidario clave del ingreso básico universal, indicó: “Suiza es el único país en Europa -y tal vez en el mundo- donde la gente tiene derecho a hacer algo real, a través de la democracia directa”. Los ciudadanos, si quieren que se les garantice el acceso a cerveza gratuita, podrían hacerlo con facilidad.

Desde la izquierda apoyan fervientemente esta especie de “asignación universal” o “salario mínimo universal”. Pero siempre hay detractores, sobre todo entre los empresarios, que dicen que esto representaría un gran desincentivo para trabajar, algo que podría causar problemas a las empresas suizas que ya encuentran difícil reclutar a trabajadores calificados.

Pero Schmidt dice que el dinero que se asignarían a todas las personas (8 millones de habitantes tiene Suiza), sólo alcanzaría para vivir, y le daría la posibilidad a la gente de optar por el trabajo que más le guste y le plazca realizar. “Una sociedad en la cual la gente trabaja sólo porque necesita tener dinero no es mejor que la esclavitud”, afirmó.

Dirigentes empresariales suizos quedaron consternados. Uno de ellos expresó que es una propuesta irreal, producto de una generación más joven que nunca ha experimentado una importante recesión económica ni el desempleo generalizado.

Muchos también sugirieron que representaría un gran desincentivo para trabajar, algo que podría causar problemas a las empresas suizas que ya encuentran difícil reclutar a trabajadores calificados. Aquel argumento ha encontrado algunos simpatizantes entusiastas entre los jóvenes votantes suizos.

Han adoptado una técnica de campaña bastante astuta, al pedir prestadas ocho millones de monedas de cinco céntimos y exhibirlas en todo el país como un símbolo de que Suiza puede permitirse pagar un ingreso universal a sus ocho millones de habitantes.

Nadie ofrece cifras precisas, aunque sorprendentemente se debate muy poco si Suiza se lo puede permitir: el consenso parece ser que financieramente sí podría.

El impuesto a la renta no aumentaría necesariamente, pero el impuesto al valor agregado -sobre lo que la gente compra, más que sobre lo que gana- podría subir a 20% o incluso 30%.

A la larga, dicen sus partidarios, se podría ahorrar dinero, ya que un ingreso básico universal reemplazaría los pagos de asistencia social.

Pero la principal motivación tras la campaña no es económica sino cultural, un intento de hacer que la gente piense más cuidadosamente sobre la naturaleza de la vida y el trabajo.

Ya diversos grupos quieren extender está medida en Iberoamérica.

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