COMO SE UNE NO PODER CALLAR UN GOL Y NO ENTENDER LA ETIQUETA DE LA LECHE #ASAMBLEACONSTITUYENTE #40años


POR BARROCO AUSTRAL

snapshot-016bA muchos le causo risa y lanzaron burlas sobre iniciativa de callar la celebración del primer tanto del seleccionado nacional como una forma de conmemorar a las victimas de atropellos de lesa humanidad en el primer coliseo durante la dictadura cívico-militar que comenzó en 1973. Más allá de los juicios sobre oportunidad o eficiencia del mencionado llamado, lo que tremendamente me conmueve en mis simas es la instalación en el colectivo nacional que las situaciones eufóricas son absolutas y no son modificables por la voluntad, incluso de situaciones iniciadas por la reflexión ética. Ese no puedo callar un gol es equivalente al Berlín que refleja la película Cabaret que muestra la situación de los años 30 mientras el NSDAP va subiendo al poder, es decir, un nihilismo frente como el horror se va instalando en la sociedad. En otras palabras, cuando la euforia como accidente de nuestra entidad no puede ser limitada por nuestra voluntad desde la reflexión ética entramos en la conducta de manada, en el estado de ultimo hombre, en el vacío de lo que nos da nuestra condición humana.

Por otro lado, casi simultáneamente, la pandora  que el analfabetismo funcional se mantiene en un nivel de más de la mitad de la población, indicador semejante al que existía hace 15 años atrás. En perspectiva, estamos asistiendo que nuestra cultura esta perdiendo la exploración de los sentimientos y pasiones, pero a la vez es dominada por una reflexión sobre el mundo. Es decir, somos testigos de una emergencia de la apariencia, pues ella es usada para rellenar extensas regiones de lo que es y puede llegar a ser descrito en el lenguaje, dado que nos aterra devenir sin poder comprender y reflexionar sobre las relaciones que hacen posible que lo que percibimos como real pase fuera de la Nada. Una sociedad que no puede comprender su mundo está condenada a vivir asustada tras mascaras de apariencia.

En síntesis, no podemos callar un gol y no entender la etiqueta de un tarro de leche en polvo  sin que ello implique que somos una masa sin reflexión ética para limitar los actos de nuestra voluntad en estados eufóricos y, a la vez, sin la comprensión necesaria para tener claridad de la relaciones posibles en lo que es real, lo cual finalmente nos lleva a tener una existencia de rebaño conducido por el pastor de turno y donde él que se atreve a mirar un poco más es visto como peligroso distinto.

Triste la existencia de los lugares donde no hay goles en silencio y todos preguntan como hidratar la leche en polvo.     

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